Luego de unos primeros meses bastante agradables, ahora hemos vuelto a la normalidad en el lugar en donde vivo. Ésa en la que incluso después de haber tomado un baño uno sale sudando de la regadera si no es lo suficientemente rápido.
Mi experiencia en años recientes y lo que seguro viviremos en este me hace pensar que quizá ese filtro sepia en las películas extranjeras que retratan al país no es gratuito. Así se ve, así se siente caminar por las calles cerca, durante o pasado el medio día.

¿Por la noche? Afortunadamente tengo un aire acondicionado en mi habitación. Suelo oir crujidos por el cambio de temperatura tan abrupto que provoca. En más de una ocasión me he quedado pensando en el daño que sufren las cosas dado el estrés físico al que están sometidas debido a las inclemencias de su entorno.
Claro que no hay nada más que pueda hacer al respecto. Es la integridad de mi setup, mis discos, mis figuras o el descanso fresco y reparador necesario para evitar el pestañeo del día siguiente en la oficina. Luego espantar el sueño resulta bastante complicado.
Menos mal que este fin de semana cambió el pronóstico. El frente frío número cuarenta y ocho nos vino a dar a todos un respiro antes del próximo y más duradero domo de calor de la temporada.