Durante años padecí de la infraestructura de cobre con Telmex. Su razón siempre era que estábamos ubicados muy lejos de la central como para acceder a un mejor servicio. Cambiar de proveedor nunca fue una opción para mí, incluso desconozco si ofrecían algo superior. Yo suponía que era muy poco probable.
Entre contratos con plazos forzosos de un año y esquemas de prepago para conectividad 5G, preferí aplicar la de más vale malo conocido que bueno por conocer. Tampoco es como que Telmex me diera mucha lata. Ya me había acostumbrado a esperar cuando menos una noche para completar una descarga de gigas.
Ahora eso es cosa del pasado
Hace poco me he incorporado a la modernidad. Todo comenzó un día de agosto, mientras comía mi lonche en el trabajo, cuando me llegó un SMS notificándome que ya podía solicitar mi cambio a fibra óptica. Enseguida completé el formulario y al día siguiente llegó el técnico para realizar la instalación.
Pasé de tres o cuatro megas (en un paquete de quince) a veinticinco iniciales. Ya con el módem nuevo en casa me di tiempo a configurarlo superficialmente. Me gustaría crear una red para invitados tomando en cuenta las próximas fechas. Además de solucionar un detalle con un Chromecast que resulta visible de forma caprichosa.